Mi camino por el sendero del yoga no ha sido fácil. Serios problemas de espalda me obligaron a hacer una larga pausa. Pero tras una operación y una lenta recuperación, mi cuerpo me pedía de nuevo movimiento y, poco a poco, con mucha paciencia y dedicación, mi espalda fue respondiendo, mi práctica fue profundizando hasta límites que creía que nunca más sería capaz de conseguir y así, el yoga se convirtió en mi medicina diaria para un cuerpo y una mente en equilibrio. El yoga fue sanando mi espalda, consiguió mi estabilidad física y emocional y ser testigo de los poderes curativos de esta práctica fue precisamente lo que me hizo decidir que quería convertirme en profesora de yoga y poder ayudar a otras personas.
Así que me embarqué en una aventura que me llevaría a la India a realizar mi primera formación como instructora de yoga. Desde entonces, no he dejado de formarme con diferentes talleres, cursos intensivos, retiros y largas estancias en India, donde terminé viviendo cuatro años. Durante este tiempo completé una segunda formación avanzada de yoga, practiqué a diario con los mejores maestros de diferentes estilos y descubrí el Ayurveda, la medicina tradicional de la India en su lugar de origen, Kerala, la cual me cautivó al instante, ya que todo empezó a cobrar sentido al encontrar muchas respuestas al por qué de mis males y pude experimentar en mis propias carnes el poder curativo de esta medicina ancestral. Así que terminé realizando una primera formación en Kerala y una formación más avanzada en los Himalayas, además de crear un nuevo estilo de vida basado en estas dos ciencias hermanas (el Yoga y el Ayurveda).
Hoy en día, puedo decir que el Yoga, el Ayurveda y la India me van a acompañar el resto de mi vida y que poder compartir estas valiosas ciencias milenarias es lo que me hace feliz.


